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Por circunstancias profesionales, dentro del ámbito del acompañamiento a personas adultas con discapacidad intelectual o del desarrollo, hace más de 10 años empecé a conocer el Modelo ACP.

Aunque cuando lo conocí por primera vez me pareció un modelo muy ambicioso y complicado de aplicar y generalizar, el llevar todos estos años en contacto y constante actitud de aprender más sobre el, me ha llevado a creer al 100% en este Modelo y a ir impregnándome de sus principios con el objetivo de integrarlos en mi vida, tanto profesional como personal.

Lo considero una filosofía de vida, basada en el respeto absoluto hacia la dignidad de los demás, en la búsqueda de la inclusión, la participación y la autonomía (como el derecho y la capacidad de cada una para “liderar” y tomar decisiones sobre su propia vida), y en la mirada hacia las capacidades de las personas y no en sus necesidades de apoyo (entre otros muchos aspectos).

Cuando conocí por primera vez Montessori, fue asociado a niños, por lo que aunque me pareció interesante, no puse mi atención en este método.

Sin embargo cuando hace unos meses una compañera (del trabajo y del curso) me facilitó un vídeo explicativo sobre esta formación de Montessori para mayores, vi y sentí desde el inicio de dicho vídeo que tenía que realizar esta formación, ya que sus principios son total y absolutamente centrados en la persona y están en total consonancia con los de el Modelo de Atención Integral y Centrado en la persona: Autonomía, independencia, individualidad, Integralidad, Inclusión social, participación y Continuidad en los apoyos.

Además, aparte de sus principios, la metodología para implementar ambos / ”el Modelo” (AICP y Montessori los considero ya “uno”) pasa por una transformación de los recursos que apoyan y acompañan a personas con necesidades de apoyo (en diferentes situaciones de Dependencia), desde el cambio del rol del profesional (el papel del “adulto”) hasta el ambiente preparado (facilitador, ordenado, cálido, personalizado, etc.).